Un mar de besos

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Paradero desconocido.
18. Proyecto de enfermera con exceso de pensamientos. Amante de la literatura, de la naturaleza y de la cerveza. Potterhead. Roja de corazón. ¡Viva la Revolución! ♀

23 jul. 2012

Apuesta a la vida y gánatela

Mi madre siempre dice que llegas a una edad con la que te ves con todo el poder de cambiar las cosas, de romper rutinas, de hacer océanos de arena rompiendo todos los relojes que te vas encontrando, de hacer de tu vida algo que recordar. Y es totalmente cierto. Prometes estudiar dos carreras, te juras a ti misma que no serás una más, que van a recordar tu nombre. Al fín y al cabo, lo único que te sobra es tiempo e ilusión. Las promesas sólo dan credibilidad a algo que algún día se te olvidará. Más tarde aprendes que crecer es aprender a decir adiós a tiempo, y ni si quiera los sueños se libran de eso. Prefieres perder que intentarlo, ya que como mamá dice: "No se puede dedicar el alma a acumular intentos". A los 20 te arrepientes, debiste arriesgarte cuándo aún no tenías nada irrecuperable que perder. Luego llegas a los 30, y la decepción se acomoda en tu vida por un tiempo. Te miras al espejo, recuerdas esa canción... Te das cuenta de que ya no eres "young", ni "wild", ni "free". Y es que tal vez madurar es eso: La capacidad de ir resignándote a hacer todo aquello que nunca quisiste, por un bien mayor. Y llegar a los 40 y preguntarse porqué terminaste haciendo lo que todos hacen si se supone que siempre te sentiste diferente. Yo aún estoy en los 17, pero desde bien pequeña me acompaña la puta mala suerte de ser realista en exceso, yo nunca me he tragado ese cuento de que un hombre gordo vestido de rojo y volando en reno me trae regalos cada 25 de Diciembre. Aunque quizás no es tan mala suerte, sé bien como funcionan las cosas. Y a pesar de tener claro todo lo que va a pasar, todas las cosas que voy a perder y lo mucho que voy a sufrir, como todo el mundo, no me cabe duda de que lo más preciado que puede tener un adolescente, es la vida. Estoy segura de que muchos pagarían por volver a tener la perspectiva de una vida desde los quince, apuesto a que debe ser algo incluso mágico. Tantas incógnitas, tanto tiempo por delante, tanto por hacer, tan libres... Tan felices desde la más jodida y triste ignorancia. Quién sabe, tal vez acabe siendo diferente. Tal vez.

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